Noche entre estanterías y reloj

    Un hombre sostiene a una mujer, la mujer besa al hombre

    Su mano en su muslo

    Él estaba sentado en el suelo, apoyado contra una estantería baja. Ella se arrodilló a su lado. Su mano izquierda descansaba sobre su muslo.

    Ella inclinó la cabeza. Sus largos cabellos oscuros cayeron hacia delante, rozando su hombro. Él no movió los brazos, que permanecieron junto a su cuerpo.

    Ella se acercó un poco más. Su mejilla estuvo cerca de la suya durante un instante. Luego, sus labios tocaron los suyos. El beso fue breve.

    Él respondió al movimiento. Inclinó la cabeza hacia ella. Su boca se encontró con la suya por segunda vez. Esta vez el contacto duró un poco más.

    Ella retiró suavemente la mano de su muslo. La colocó en su nuca, justo bajo el pelo corto. Sus dedos se cerraron ligeramente.

    Él levantó entonces la mano derecha. La posó en su cintura, sobre la tela de la camisa. La presión de sus dedos era clara, firme.

    Ella se separó unos centímetros. Su respiración era tranquila. Los dos se miraron. Las agujas del reloj de la pared avanzaron un minuto.

    Ella volvió a acercarse. Su frente tocó la suya. Permanecieron así, quietos, con los ojos abiertos. La lámpara proyectaba sus sombras sobre las baldosas.

    La puerta se abrió

    La puerta de la habitación se abrió. Entraron dos mujeres y un hombre.

    La primera mujer tenía el pelo oscuro y largo. La segunda llevaba el pelo corto y unos botines blancos. El hombre lucía tatuajes en el cuello y los antebrazos.

    Los recién llegados se detuvieron un momento junto a la puerta. Observaron a la pareja en el suelo.

    Ella interrumpió el beso. Volvió la cabeza hacia la puerta. Su mano se quedó en el muslo de él.

    Él también miró a los recién llegados. No se movió del sitio.

    La mujer de pelo corto cerró la puerta. El sonido fue seco.

    El grupo avanzó hacia el centro de la habitación. Sus pasos fueron silenciosos sobre el suelo.

    La mujer de pelo largo se arrodilló a su lado. Puso una mano en su espalda.

    La mujer de botines blancos se quedó de pie. Miró hacia las estanterías.

    El hombre se apoyó contra una de las estanterías. Cruzó los brazos.

    Ella se incorporó. Se sentó a su lado, muy cerca.

    Nadie dijo nada. El único sonido era el tic-tac del reloj.

    La mujer arrodillada le pasó la mano por el hombro. Él asintió con la cabeza.

    La mujer de botines blancos se acercó. Dejó caer su bolso blanco cerca de la lámpara.

    Ella le tomó la mano a él. Sus dedos se entrelazaron.

    La mujer arrodillada se inclinó hacia adelante. Su pelo oscuro rozó el hombro de él.

    El hombre junto a la estantería observaba. No cambiaba de postura.

    Minuto a minuto, la habitación se llenaba de un nuevo silencio.

    Un hombre de pie, una mujer de pie

    La mano sobre los estantes

    La mujer de pelo largo oscuro se inclinó sobre el hombre sentado en el suelo. Él permaneció inmóvil, apoyado contra algo sólido. Sus manos con tatuajes descansaban sobre sus propios muslos.

    Hay una sección entera para esto — porno español.

    La mujer de pelo corto y botas blancas se mantuvo de pie a su lado. Su mirada, o la dirección de su cabeza, parecía ir de él a la otra mujer y volver. Minutos después, el hombre se recostó completamente en el suelo.

    Un nuevo orden

    Sin prisa, la mujer de pelo largo, la que se había inclinado antes, se sentó sobre él. Se colocó sobre su torso, de frente, mirando hacia sus pies. Él no alteró su posición horizontal.

    Las otras dos mujeres se sentaron en el suelo a su lado, cerca de sus piernas. Formaron un semicírculo alrededor del hombre, que ahora yacía con una mujer sobre su cuerpo. El grupo guardó silencio, si es que había habido sonido antes.

    Este arreglo, el de ella sentada sobre él mientras él permanecía tumbado, se mantuvo. Fue un punto de quietud después del movimiento inicial. La lámpara de la habitación iluminaba la escena de manera constante.

    En algún momento de esa larga pausa, llegaron a la habitación varios objetos que no habían sido traídos por ellos. Algunos se usaron, otros simplemente estuvieron presentes, marcando el paso del tiempo junto con el tictac del reloj de pared.

    • Una botella apareció cerca de las estanterías. Rodó un poco y luego se quedó quieta, sin que nadie la tocara de nuevo.
    • Un objeto negro, pequeño y de forma indeterminada, quedó semioculto junto a la base de una pila de libros. Permaneció allí hasta el final.
    • Una toalla blanca, doblada, fue colocada en el suelo, cerca de los pies del hombre. Más tarde, alguien la desplazó ligeramente con la rodilla.
    • Una bolsa blanca se apoyó contra la pared, bajo el reloj. Nadie volvió a mirar en su dirección.
    • Las botas blancas de la mujer de pelo corto permanecieron en sus pies durante todo el tiempo.
    • Los libros en las estanterías no se movieron. Sus lomos de colores fueron el fondo inmutable de todo lo que sucedió.
    • La luz de la lámpara no parpadeó ni una sola vez.

    La mujer sentada sobre el hombre ajustó su posición una sola vez, deslizándose unos centímetros hacia arriba, hacia su pecho. Él, en respuesta, o quizás de forma independiente, giró ligeramente la cabeza hacia un lado.

    Ese pequeño movimiento fue la única señal de ajuste. Después, la quietud volvió a apoderarse del grupo. Los minutos pasaron sin más cambios en la disposición de sus cuerpos.

    Las manos en el aire

    Él se puso de pie de un salto. Las mujeres se arrodillaron frente a él al mismo tiempo. Sus cuerpos formaron una nueva pirámide, estable y silenciosa.

    Sus manos, antes ocupadas en otros lugares, ahora quedaron libres. Flotaron en el espacio entre ellos, buscando un nuevo punto de partida. El movimiento no se detuvo, sólo cambió de dirección.

    De quién Qué sostienen Qué hacen después
    Sus manos Se abren frente a él Se posan sobre las cabezas de las mujeres
    Las manos de la mujer 1 Apoyan en sus muslos Suben por sus piernas
    Las manos de la mujer 2 Quedan suspendidas Buscan el borde de sus botas blancas
    Su mano derecha Acaricia el cabello oscuro Desciende hacia una nuca
    La mano de la mujer 1 Encuentra su cintura Se detiene allí
    Su otra mano Permanece en el aire Baja para tocar un hombro

    Este nuevo orden duró apenas un momento. La presión de las palmas lo hizo retrocedar un paso. El equilibrio se rompió y la pirámide comenzó a desmoronarse suavemente.

    Él cayó de espaldas sobre el suelo. Las mujeres se inclinaron sobre el espacio que dejó vacío, siguiendo la línea de su cuerpo. Las manos terminaron su viaje en nuevos puntos de apoyo.

    Su mano en su pecho

    Él yació inmóvil en el suelo. Su respiración era profunda y regular. La mujer de los cabellos oscuros y largos se inclinó sobre su torso.

    Ella apoyó una mano en su pecho. La presión fue ligera, apenas un contacto. Él no se movió ante ese gesto.

    Su otra mano buscó la que ella tenía sobre él. Sus dedos se cerraron sobre los de ella. No fue un apretón, sino una contención.

    Ella mantuvo la inclinación durante un largo momento. Su pelo formaba una cortina a los lados de sus rostros. En la pared, el segundero de los reloj avanzó varias veces.

    Finalmente, ella retiró su mano de bajo la suya. Él no intentó retenerla. Su brazo cayó de nuevo a su costado, sobre el suelo.

    Ella se enderezó lentamente. Se quedó mirándolo un instante más, desde arriba. Luego, dio un paso atrás.

    Él permaneció allí, con los ojos abiertos, mirando al techo. La habitación recuperó la quietud que tenía antes de que todos llegaran. Sólo el tictac de los relojes llenaba el silencio.